Aunque no esté reconocida como enfermedad en el Manual de Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales, su diagnóstico y tratamiento debe ser realizado por un profesional cualificado. En el momento en que se detecten comportamientos que puedan hacernos pensar que se está sufriendo este problema (incapacidad de control de los impulsos, excesivo gasto económico), es necesario pedir ayuda profesional.